Laboratorio Ártico

El abandono de un genio

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Texto: Néstor Juéz Rojo.

El planeta cine fue golpeado drásticamente en la última Muestra de Venecia: el maestro Hayao Miyazaki, animador y responsable de Studio Ghibli (los únicos capaces de hacerles sombra a Pixar) se retira a sus 72 años de la profesión. El tiempo delucidará si tal declaración es sincera, pero la simple idea de tener que decir adiós al creador de tantas películas icónicas y sello tan personal es terriblemente triste.

Principal responsable de que la animación empezara a considerarse igual que la imagen real a nivel crítico, Miyazaki fue siempre uno de los mayores referentes de la emergente animación nipona a nivel mundial, precedido por el éxito de las series de Heidi y Marco. Pero como cineasta logró conmover a un público de todas las edades durante treinta años, durante los cuales hemos disfrutado con uno o varios visionados de 10 largometrajes (a falta de que llegue su undécimo, “Kaze no tachinu), dónde encontramos obras infantiles cómo Mi vecino Totoro o Ponyo en el acantilado o obras más maduras y tenebrosas como la sorprendente El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o El castillo ambulante.

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Una obra que en su conjunto ha reflejado siempre un espíritu ecológico y una lucha anti-urbanización, la supervivencia de personajes “débiles” contra el sistema, la coexistencia de costumbrismo y magia, la constante presencia de elementos místicos y seres poderosos del mundo natural mezclándose en el entorno humano, bien sea en el Japón feudal o en la Europa de principios de Siglo. Miyazaki supone la supervivencia del depurado trazo manual ante el 3D, de un modo de narrar las historias impropio en la animación, de universos cargados de espíritu y realzados por las también geniales melodías de Joe Hisaishi.

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Para siempre quedarán los dioses del bosque con forma de jabalí gangrenado. Para siempre quedará la pequeña Ponyo, que por amor adoptó forma humana y dejó atrás el mar. Para siempre queda Yubaba y sus malsanos baños. Para siempre quedará ese apuesto mago sin corazón refugiado en un castillo andante. Para siempre quedará ese piloto de guerras transformado en cerdo por un hechizo desconocido. Y, sobre todo, para siempre quedará Totoro, el adorable Totoro. Ese hámster gigante que vuela sobre una peonza y toca la ocarina de madrugada, velando por la seguridad de su bosque y dispuesto a ayudar a cualquier alma pura, protagonista de una de las películas más bondadosas jamás realizadas y que, si todos hubiéramos visionado en la infancia, el mundo sería un lugar mejor.

Muchas gracias por todo Hayao. Desde Laboratorio Ártico te echaremos de menos.

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Un comentario el “El abandono de un genio

  1. Christian Tomás
    octubre 1, 2013

    Enhorabuena por esta entrada Néstor, me ha gustado mucho. Es una pena que nos abandone alguien tan grande.

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Esta entrada fue publicada el octubre 1, 2013 por en Blog, Cine.
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